¡Páguenme lo justo!

Desde el inicio de mi vida profesional he combinado trabajos. Puedo tener o no un empleo fijo pero eso sí, siempre estoy abierta a freelancear, sobre todo cuestiones relacionadas con la locución comercial. Más allá de lo que me represente económicamente, me gusta porque mantiene mi mente activa, pensando en temas distintos (aunque luego me ande quejando porque “no tengo tiempo para vivir”).

Recientemente me sucedió algo no agradable, con lo cual me imagino que te vas a identificar si también eres freelance.

Para variar me dijeron: “Este es mi presupuesto, no te puedo dar más”. A lo cual, por primera vez en mucho tiempo dije: “Ok no, esto de andarle jugando al barato no está bien”.

Después la cabra se me fue al monte a reflexionar en lo que eso implicaba a nivel sociedad y cómo es que yo también soy parte de la misma injusticia pero en el rol contrario (o sea la que mal paga el trabajo de otros).

Círculo vicioso del cual, aunque ya medio me había dado cuenta, no había estado tan clara en terminarlo. He aquí dos escenarios que ejemplifican cómo es que tú también podrías estar siendo parte de él:

Uno:

Quieres mandar a hacer un librero a la medida para tu estudio. Vas con un carpintero y te cobra $10 pesos, y tú dices “¡Que caro, debería de costarme $5!”. Entonces o acabas yendo con un carpintero malhechote o a Walmart por uno todo feo. Todo porque tú en verdad crees que lo justo son $5 pesos… y porque no tienes los $10 pesos dado que tus clientes también te pagan la mitad de lo que vales.

Dos:

Del mismo modo creíste que pagar $1000 pesos por unos pantalones de mezclilla era mucho dinero y que lo justo eran $300 pesos. Obvio cuando piensas en el ahorro que te representa no tomas en cuenta que para que cueste $300 pesos, la manufacturera está pagándole una miseria a quien lo hace. (Por cierto, uno de los episodios en inglés de mi podcast habla acerca de este problema con la industria de la moda, escúchalo dando clic aquí).

Seguramente estás pensando que es un problema del sistema. Y sí, pero entonces ¿eso significa que estamos condenados a aceptar trabajos mal pagados y a seguir mal pagándole a los demás?

Me niego.

Romper la inercia no está fácil. Primero porque las personas normales no nadamos en dinero como para aventarlo como Di Caprio en su famoso meme. Y segundo porque el problema no se resuelve aceptando precios elevados y ya. En el ejemplo de los jeans, muchas veces esos $1000 pesos los cobran marcas o empresas que igual le pagan una miseria a las costureras. Por lo tanto ¿a qué debemos tirarle?

Al divino COMERCIO JUSTO… ¡yei!

De acuerdo con la CLAC (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo), esto es “un modelo comercial que pone al centro a los seres humanos y la sostenibilidad social, económica y ambiental de las sociedades; dignificando el trabajo, respetando el medio ambiente y fomentando una gestión responsable y sostenible de los recursos naturales”… ❤

Considerando la situación actual, puede sonar utópico. Sin embargo, no es taaan complicado. Lo realmente difícil es hacer a un lado las marcas y tiendas que están en todos lados y lo bien que saben hipnotizarnos. Comprarle el librero al carpintero de tu colonia en vez de uno Made in China, preferir el mercadito en vez de las grandes cadenas, googlear empresas que apoyen el comercio justo o fair trade, o simplemente pagarle lo justo a tu locutora 🙂 , ya es ser parte de la solución.

Imagen tomada de: http://www.wfto-la.org/

Al final de mi historia, el cliente dijo que no podía pagarme lo que pedía y que su proyecto lo resolvería “internamente”. Era de esperarse. Afortunadamente el pago de mi renta no depende de ese cliente y de ese proyecto en específico, sino seguramente la historia sería muy distinta.

Aunque bien triste me quedé, la tranquilidad y la frente en alto tipo Erin Brockovich valen más. Además, mi negativa a bajar el precio también sirve para proteger al gremio; como dicen por ahí, “hay que educar al cliente” y hay que cuidarnos entre nosotros.

Por lo tanto, en la medida de lo posible, buscaré seguir colaborando en ambas vías, cobrando y pagando lo justo, de esa manera siento que se empieza a romper ese círculo vicioso maldito.

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