Así, casual

Desde que salí de México perdí mucha noción de la farándula de allá. La verdad es que creo que no me pierdo de nada aunque de vez en vez en Facebook veo mucha cosa que, después de tres segundos, ignoro, y sigo con mi día. Pero ahora sí me encontré algo que me retuvo la neurona, y seguro fue porque últimamente he estado leyendo y observando temas relacionados con discriminación y racismo, costumbres, misogina, etc.

Total que paseando por Facebook veo este problema entre Sasha, Yordi Rosado y Luis de Llano. El último capítulo a este respecto es el que me interesa poner al frente aquí, y que dicho sea de paso, jamás pensé que hablaría sobre los famosos de Televisa en este blog. ¡Por Dios!

El escándalo

Abro paréntesis veloz para explicar, a los que no son mexicanos, quiénes son estos personajes. Sasha es cantante, perteneció a un grupo de pop infantil de los 80’s llamado Timbiriche, y ahora de adulta emprendió acción legal por abuso en contra de Luis de Llano (productor del grupo en aquel entonces). Yordi hace entrevistas a famosos en YouTube y desconozco si también transmite por televisión. Cierro paréntesis.

Hace aproximadamente nueve meses, cuando ya sonaba el tema del abuso, Luis De Llano es entrevistado por Rosado y dentro de esa charla de cuates (porque eso es más bien lo que hace Yordi, NO entrevistas) De Llano dice que tuvo un romance con Sasha. En sus palabras:

“Me enamoré y me mandó al demonio. Lo admito, convivíamos mucho, estuve muy enamorado de ella y un día me dijo ‘ya, nada que ver’, y nada que ver y se acabó, y todavía seguimos trabajando diez años más juntos.”

Así. Casual. Sin tomar en cuenta que ella tenía 14 años y él 39. Incluso menciona: “En lugar de hablar de Sasha por lo que es, ahora tienen que hablar de ‘pobrecita niña’, ¡no es cierto, por favor!”

Un par de días después de que esto salió a la luz, Sasha pone una demanda por abuso infantil y el asunto ya está en manos de abogados.

Al momento en que estoy publicando esto, Yordi sólo ha dicho que cuando sucedió todo esto a raíz de lo que De Llano había compartido en su programa, él se sintió muy mal, que no quería afectar a ninguna de las dos personas, que le faltó experiencia al manejar la entrevista, etc. Y el relajito sigue pero ahí le paro porque hasta aquí es en lo que me interesa ahondar.

El abuso y el grooming

Me parece que el tema Luis de Llano y toda la porquería que implica Televisa no es nuevo para nadie que ubique lo que es esta televisora en México. Considero que sería redundante decir más de lo que ya se ha dicho de este abuso, que es de los que han visto la luz, porque obvio hay mil más que aún no son mencionados.

Soy de las personas que piensan que este personaje es como muchos más para los que lamentablemente resulta normal hacer lo que hizo (o sigue haciendo). Y al ser normal, claramente no genera en él ni un ápice de remordimiento, ni de cuestionarse si era decente, humano, abusivo o, ya de menos, legal. Alguien con la moral y los valores chuecos, actúa chueco.

Para muchas de las víctimas, lamentablemente, también es normal que varios hombres hagan comentarios insinuantes, busquen propasar el espacio físico e incluso cosas más subidas de tono. Como mujer, es normal encontrarte al menos una vez en la vida en una situación con alguien que te hace sentir incómoda, pero no sabes cómo poner un alto. No tienes experiencia y nadie te explicó qué es válido y qué no. Tristemente, este desconocimiento, la sorpresa que genera y la no denuncia, hacen más factible que existan comentarios como: “Ella de pobrecita no tiene nada, ¡nunca se quejó!”

Justo cuando leía sobre este asunto vi una infografía sobre el “grooming” y recordé que yo viví algo semejante alguna vez y yo ni en cuenta. Lo cuento rapidito:

Tenía entre 18 y 19 años, cursaba el primer o segundo semestre de la carrera. Todavía muy ingenua yo. De pronto encuentro una convocatoria donde dicen que buscaban locutores para un proyecto de la Delegación. Me inscribo, me llaman, me llevan junto con otros cuatro o cinco jóvenes a grabar a un estudio en un edificio de gobierno. A los pocos días comienzo a recibir llamadas del productor en las que me decía que tenía mucho talento, que si quería ir a un bar de jazz, etc.

Era un señor de 50 años aproximadamente, de esos que no sabes bien porqué, pero te dan mala vibra. Yo no quería ser tajante en mi NO porque en ese momento, con mi muy diminuta perspectiva de la vida, él representaba una puerta de entrada al mundo profesional al que yo quería pertenecer. Yo le daba el avión, le daba largas, y nunca fui. Después de un par de grabaciones nunca más me volvieron a llamar y yo no los busqué tampoco.

Casi 20 años después de ese incidente que afortunadamente no pasó a más, veo que pudo haber sido el inicio del mentado grooming. ¡Qué tal!

Explicación del “grooming”.

El “periodista”

Dejando a un lado la disputa legal, lo turbulento de la historia de Televisa, y lo feliz que está la prensa de chismes en México con todo esto, hay que poner sobre la mesa también al que supuestamente era el periodista durante la entrevista.

Qué tan de cabeza está la sociedad que, ni si quiera alguien que en teoría tiene la preparación de manejar un género periodístico tan particular como es la entrevista, puede estar escuchando el relato de un delito y continuar haciendo preguntas como “¿cuánto tiempo anduvieron?” le responden “seis meses” y su reacción es “¡ah, fue poco entonces!”

Con esto, veo dos aspectos de igual importancia:

Primero, a nivel personal. Considero que Yordi Rosado carece de sensibilidad, de empatía, de estar al menos enterado de los movimientos sociales actuales. No creo que busque ser una mente crítica, ni ávida de estar presente en el presente y por lo tanto, creo que no se detiene a reflexionar en si sus acciones son congruentes a los valores que dice tener (y esto lo digo porque me vi gran parte de una entrevista donde relata su vida). Sin embargo, no lo culpo, ni lo ataco. Tristemente creo que representa a muchas, muchísimas personas, que incluso podría ser yo misma sin darme cuenta. Creo que el salirse de la corriente en la que se pasa por alto tanto abuso, requiere de un trabajo constante; y cuando nos gana la ceguera o “lo que es habitual”, hay que rectificar el camino.

Segundo, a nivel profesional. Como periodista-entrevistador-conductor o como sea que se identifique, me parece que es muy delicado el perder de vista la responsabilidad que implica el estar haciendo algo que verán 10, mil o 1 millón de personas. Sé que dado el historial de contenidos que este comunicador ha producido en su vida, no estamos en posición de pedirle mucha seriedad o profundidad en lo que publica (y eso que hasta libros ha escrito con psicólogos en los que da consejos para vivir mejor).

Si como ser humano hoy en día no eres capaz de detectar, o no te sorprende un abuso, me parece inaudito. Pero ok, medio te la compro por la jodida ceguera que predomina en muchos círculos. Pero si como profesional de los medios, consciente de que te están viendo millones de personas, no captas la trascendencia, incluso legal, que tiene lo que te está diciendo tu interlocutor, tienes problemas extremadamente serios. Me preocuparía, y mucho, que las personas vean tu contenido. Y ni qué decir si deliberadamente decidiste dejarlo pasar y seguir el juego. Ahí sí, mereces ser vetado. Te habrías convertido en un peligro para la sociedad al entorpecer el trabajo de tanta gente por acabar con la eterna dinámica de libertad de abusar.

Mucho trabajo por delante

No sé qué pienses tú que me estás leyendo, pero yo veo a una sociedad que en ciertos círculos comienza a despertar, a hacer ruido, a ponerle nombre a abusos con modus operandi particulares. Pero lamentablemente también veo que siguen abundando personas para quienes es normal abusar. Siguen abundando víctimas que no saben distinguir los abusos o tienen más miedo de denunciarlos que de seguir soportándolos. Y por último, hay aún una gran parte de la población que vive entre estos actos y no les sorprenden, no los notan o no los ven como algo grave o dañino. En pocas palabras: es normal ser abusador, es normal ser abusado y es normal vivir entre el abuso. Así. Casual.


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