La paranoia detrás de un dibujo

Subirse al camión, metro y tranvía es algo tan constante que hace ya tiempo perdió su chiste.

Al inicio era natural estar extra alerta de no pasarse de la parada en la que había que bajarse y al pendiente de los demás pasajeros (parte del trauma de venir de una ciudad donde si no te fijas bien, te atracan). Sin embargo, con el tiempo este Sistema de Alerta dejó de preocuparse tanto.

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Hace unos días iba de regreso a casa en el camión. Mi mente hacía lo que suele hacer en estos trayectos: pajarear. De pronto, cuando mi Sistema de Alerta hacía uno de sus monitoreos al entorno, se dio cuenta que alguien me observaba extrañamente… ¡me estaba dibujando!

Lo primero fue ponerme roja (penosa siempre he sido), después no sabía si decirle algo al dibujante, sonreír o fingir que no me había dado cuenta. Afortunadamente no pasó mucho tiempo antes de que tocara mi hombro y me diera el dibujo.

No dijo absolutamente nada. Sólo me entregó la hoja, lo vi, le agradecí, le dije que estaba bonito, él sonrió de vuelta y punto. Un par de paradas después se bajó y no lo volví a ver jamás.

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Tiempo después, platicándole a un par de amigos, algunos lo tomaron como motivo de desconfianza, preguntaron si no me había dado miedo, como si el tipo pudiera ser peligroso o como si fuera indebido “tomar mi imagen” sin mi permiso.

Bien podríamos decir “¡qué exagerados!”; sin embargo, también es cierto que es natural interpertarlo así por como son las cosas hoy en día. Estamos acostumbrados a que si alguien te observa segundos de más, hay que tener miedo; el que te miren (o dibujen) ya no es algo inocente o halagador y punto. Hoy para todo pensamos que puede haber gato encerrado.

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Lo mismo sucede con las imágenes. Si quieres tomar o usar una foto, en varias ocasiones tienes que pedir permiso, todo tiene derechos de autor y además, todo lo que publiques puede ser usado en tu contra (¡lo menos grave es que te conviertan en meme!).

Por lo tanto, tomando en cuenta esta psicosis por la captura y uso de las imágenes, no está tan descabellado que te perturbe que alguien te dibuje en el transporte público. Menos mal que no fue una foto, eso podría hacerte creer que buscan secuestrarte o algo por el estilo.

En fin, de cualquier modo me quedó la duda de qué tan natural o útil es sentir miedo y qué tanto se ha perdido la capacidad de asombrarnos sin asustarnos de inicio. Sin duda el mundo hoy día está demasiado loco y peligroso, pero ¿habrá alguna manera de cuidarnos sin que eso nos impida aceptar una que otra sorpresa sin sentirnos amenazados?

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