Patrimonio, patri¿qué?

¿Qué tanto es normal trabajar? ¿Cuántas horas al día? ¿Cuánto cansancio es normal tener? ¿Nos enorgullece estar estresados/cansados porque significa que somos “responsables” y “comprometidos”?

Llevo tiempo cuestionando mis creencias relacionadas con lo laboral. Y qué difícil es cuando me doy cuenta que vengo de un círculo en el que se aplaude el “partirse el lomo”, porque si te va bien y no trabajas hasta tener gastritis, casi siempre significa que o tienes suerte, o todo se te puso en “bandeja de plata”, o quien sabe cuanta sarta de tonterías más.

Así crecí. Escuchando y viendo a mi alrededor que había que trabajar arduo, que yo, como niña, debía entender que mis papás no estaban conmigo en muchos momentos porque su carga laboral no se los permitía. Por lo tanto no es raro que yo de adulta de pronto me notara con una tendencia semejante, sintiendo que debía entregar buena parte de mi existencia a lo profesional.

Y ¡ojo! por supuesto agradezco MUCHO todo lo que mis papás sacrificaron, sobre todo porque sé que a ellos también les dolía no estar más tiempo conmigo.

Así iba mi reflexión hasta que el fastidio se me subió al tope e hice un alto a la cotidianidad y esto fue lo que comenzó a venírseme a la cabeza:

Primero. Esta generación está teniendo que lidiar con mucha más competencia, saturación, y empleadores que más dificilmente dan prestaciones suficientes para tener tranquilidad y aspirar a un patrimonio.

Segundo. En mi caso, el ingrediente migrante. Aquí estoy aún buscándome un lugar más prometedor, porque además mi profesión no es de las más demandadas, al contrario.

Tercero. El cansancio. Hay un agotamiento brutal. Y la verdad es que asumo que una gran parte de la población está o estamos perdiendo la sensibilidad a ello porque nos veo trabajando más de 8, 10 o 12 horas al día, en fines de semana, y es “normal”.

Así que no. Yo no. Me niego. Cada vez veo menos que se cumpla esta historia de ponerlo todo cuando empieza la vida laboral, dar el 200% para aprender, desarrollarnos; luego llega el reconocimiento a la experiencia, las retribuciones y por lo tanto, se presenta la oportunidad de construir un patrimonio. Veo que muchos hacemos lo primero, pero no tantos consiguen lo último.

Patrimonio, patri¡¡¿qué?!!

Los precios de cualquier vivienda están subiendo y subiendo. El tema de las hipotecas, los intereses, etc., también está por las nubes. Es como si viviéramos una época de embudo en la que somos muchos, pero solo unos pocos logran reunir los requisitos para tener todo lo que las generaciones anteriores tuvieron y nos dijeron que debíamos tener cuando fuéramos adultos.

Y la vida muchas veces es la que se va en ese trabajar arduamente para intentar conseguirlo. Ese 200% que comenzamos dando al inicio de nuestra vida profesional se perpetúa, nos vemos 5, 10 o 15 años después aún dando el 200% porque la competencia está más ruda, porque el dinero alcanza para menos, ¡porque el 200% es el nuevo 100%!

Hace unos días Adrián y yo platicábamos con unos amigos que sacaron de sus metas el comprar una casa, al menos aquí en donde es carísimo. Prefieren rentar, trabajar muy fuerte nueve meses al año y destinar los otros tres a viajar. Buscaron un oficio en el que el trabajo se adaptara a sus necesidades y objetivos de vida. No al revés. Ese empleo no les da una perspectiva de crecimiento (laboralmente hablando), pero no los obsesiona, ellos priorizan su vida personal.

Definitivamente esta perspectiva es algo que no se escucha seguido en la cultura latina. Me parece que dadas las condiciones de nuestros países, crecemos con un entrenamiento intensivo para trabajar y trabajar, porque incluso para una buena porción de la población, si no se hace así no hay comida que poner en la mesa.

Después de escuchar a estos amigos, pensé que los objetivos que alguna vez anotamos en nuestra lista de vida, nos podrían estar poniendo el pie en vez de ayudarnos a sentir plenos. Está horrible decirlo, pero hay muchas cosas que fueron más alcanzables para quienes vivieron en otra época, ojalá no fuera así, ojalá cambiara, ¡trabajemos para que así sea! pero en el inter, cuidado con los estreses que nos compramos de a gratis.

No digo que haya que ser conformistas, no tener ambiciones o que dejemos de esforzarnos, es solo que (a menos de que se esté en una situación extrema) si hay agotamiento o frustración crónica, ¿no sería mejor reorientarnos o replantear nuestras metas? ¿darle una ayudadita a nuestra salud mental? ¿buscar otras maneras de lograr lo que verdaderamente queremos?

Yo aún no decido nada. Por ahora, conocer otras formas de ver y vivir la vida me encanta. Ya encontraré/encontraremos nuestro camino, que seguro será diferente a lo que alguna vez vimos o escuchamos.


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