El gran maestro

Sentir que estoy haciendo mucho y a la vez nada. Me choca.

Es una sensación de estar estancada pero con el pie en el acelerador. Obvio cansa y harta. Luego respiro profundo y sigo “adelante” (lo que sea que en este momento “adelante” signifique).

Verás, estos meses han sido de buscar reajustar la vida laboral, de empezar un nuevo episodio en la etapa migrante, de extrañar ya demasiado a la familia y de entender que Robin está cada vez más achacoso y que requiere mucha atención, amor y paciencia. Demasiadas emociones intensas sucediendo al mismo tiempo, así que era natural sentirme así, trabada – abrumada.

Mi lado filosófico, racional, me dice que el sentirnos trabad@s no significa que realmente lo estemos. Es más, que el darnos cuenta de esa sensación es una muestra de que ya echamos a andar la búsqueda de una solución.

Una de las frases que me repito constantemente es “Paciencia, todo llega a su debido momento, tú no dejes de chingarle pero ten paciencia.” (mientras me la digo, en mi cerebro suena música de meditación y todo es cósmicamente divino). Obvio es una frase zen bien chula con la que estoy muy de acuerdo, y que además, calma a la Silvia acelerada al menos por un rato. Es algo así como esa otra frase muy usada de “paciencia que llevo prisa”.

La cosa como siempre es encuerparlo en los momentos en los que se me sale el chamuco de la desesperación. Es algo así:

Chamuco vs. Zen

Por otro lado, hay dos estímulos constantes que favorecen esa batalla de Chamuco vs. Zen:

Primero el mensaje de Whatsapp que mi papá me envía todos los viernes: “Otra semanita más se nos está yendo mi’ja”. Seguro no es consciente de que TODAS las semanas escribe lo mismo. En automático me pone a pensar “¿y qué avance tuve esta semana?”, y además se me mete al ojo el “otra semana más sin ver a mis papás, y sin fecha para verlos”. ¡Pfff! #PinchePandemia4ever

Y segundo, Robin que camina lento, luego se desubica y a veces se cae porque pierde el equilibrio. Salir a pasear con él e ir a su ritmo es mi lección diaria de que las cosas no tienen porque ser rápidas. Cada quien tiene su velocidad acorde a sus capacidades y ganas. Robin no quiere recorrer una cuadra entera en 5 minutos, él solo quiere unos pocos metros en 10 minutos y también está bien. Él me fuerza a bajarle a mi estrés. ❤

Así que aquí andamos, intentando aprenderle más a Robin, buscando que no se nos olvide darnos a nosotros lo que le damos a él: atención, amor y paciencia; aunque a veces (muy seguido, la neta, jaja) las ganas por estar ya bien asentados en este país nos puedan más y se nos vayan las cabras al monte.

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