Todos los cometemos

La estación de radio tuvo su celebración anual. En este tipo de eventos donde nos encontramos locutores con radioescuchas es común recibir saludos, comentarios, felicitaciones y hasta quejas de quienes nos sintonizan cada día. Llegan a presentarse como dando por sentado que ya nos conocen; ésa es la magia de la radio ♥, la persona del micrófono se convierte en parte de su día y de sus amigos o familia.

En esta reunión donde recibimos a cerca de 1000 personas, se me acercó una señora a agradecerme por hacerla sentir “humana”… evidentemente no entendí a qué se refería pero sonreí amablemente. Dijo que le gustaba que cuando cometía un error estando al aire, lo manejaba muy “natural” y que eso la hacía sentir que somos humanos y que efectivamente todos nos equivocamos y no hay problema alguno.

¡ZAPE!

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Si con algo he batallado y sigo batallando es en sobreponerme cuando cometo errores. Generalmente me siento fatal por horas, o me apeno, frustro, enojo, etc.

Y aunque sé que una de las cosas seguras en la vida es equivocarse de vez en vez, eso no me ha hecho (aún) mucho mejor para que no se me dañe el cerebro cuando mi ser “perfeccionista” se resbala… todo mal!

Siempre he admirado a las personas que tienen errores y se mueven de lugar en segundos. No pierden la seguridad en sí mismos, arreglan el problema (si es que lo hubo) y siguen adelante como si nada hubiera pasado. ¿Cómo lo logran?… ¿Tú eres de esos? ¡Cuéntame cómo le haces!

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Eso sí, estoy hablando de errores que son hasta cierto punto “normales”, no de aquellos más severos cuando ya hay algún tipo de delito, infidelidad o daño profundo a algo o alguien. Esos definitivamente implican un proceso distinto de reparación o sanación.

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Aw, Mark, pobre!.. ¿te acuerdas de su caso?

En fin, pareciera que hay un punto medio en donde está el que nos impacte emocionalmente lo suficiente como para que efectivamente aprendamos y cuidemos que no ocurra nuevamente, pero que tampoco nos traume.

¿Qué tanto depende de la consecuencia que suframos el que nos podamos sobreponer y también aprender del error? ¿Realmente necesitamos las consecuencias?

Y mientras yo pertenezco al club de los “traumados”, hay otros a los que les vale y unos más que lo manejan bien, se encargan de resolver la situación y listo.

Lo que me sigue dando vueltas en la cabeza es: ¿será que ese repele a las sensaciones cuando se comete un error nos hace más cuidadosos o precavidos?

Puede ser, sin embargo, no estoy del todo segura que funcione. Sigo creyendo que el universo tiene preparadas las pruebas necesarias para que aprendamos la lección. Y en este caso especifico, ¡¿errores?!… ¡¡pff!! La vida no es perfecta, lo que significa, que está llena de ellos.

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Regresando a la fiesta de la estación y con la simpática radioescucha… Al final, le agradecí su comentario, sonreímos y nos despedimos.

Volteé a un lado y ahí estaba Mr. A, riendo sutilmente, entendiendo también que había sido una cachetada del universo para seguir trabajando en mantenerme cool cuando los errores suceden. Aprender a llevar esa “reacción ligera” a las demás áreas donde también hay tropiezos y que no quede solo como una habilidad cuando se está al aire.

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