Un Godín feliz no tiene expectativas

Antes de comenzar a leer: ten cuidado de no confundir expectativas con ambiciones o sueños; son cosas totalmente distintas.

¿Alguna vez has pensado qué te aporta tu trabajo además de dinero?

Cuando aceptamos un empleo generalmente tenemos ciertas expectativas sobre él, ya sean monetarias, de experiencia, aprendizaje, etc. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y revisamos lo vivido, el resultado suele ser muy distinto a lo esperado.

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Renuncié a mi trabajo hace unas semanas. Aquí la historia:

Desde que asistí a la entrevista sabía que si me aceptaban no duraría mucho dado que ya se estaba cocinando el Plan C. Fue eso precisamente lo que lo hacía distinto a cualquier trabajo previo, no tenía expectativa alguna, sólo buscaba una quincena que me ayudara a costear más fácilmente los preparativos del viaje.

Me contrataron. Tenía experiencia en esa actividad así que no representaba gran reto.

Pasaron los meses y me acostumbré de nuevo al godinato. Visto “por encimita” era un trabajo como cualquier, lo que cambiaba era que no me estresaba obtener un asenso, salir bien librada de los recortes de personal, obtener el bono, etc; sólo me ocupaba de hacer bien mi chamba.

Al cumplir el año llegó el momento de renunciar y con ello una fiesta de despedida con muchas botellas de alcohol que impulsaron la reflexión acerca de lo sucedido no tan “por encimita”. Aquí algunas de las conclusiones:

  • Aprendí a ser más práctica y observadora.
  • Me atreví a expresar mis ideas aunque pensara que no eran tan buenas.
  • Seguí siendo pésima para reponerme de los errores, me siento fatal un montón de tiempo.
  • Observé detenidamente el trabajo en equipo, vi que no importan las diferencias en el carácter e incluso en la preparación académica; basta con que todos tengan el mismo nivel de compromiso hacia el cumplimiento de los objetivos… ¡Es tan triste ver como hay personas que buscan hacer lo mínimo indispensable en sus labores! Para ellos tengo este mensaje: si lo que estás haciendo no lo quieres hacer lo mejor posible, no estás en el lugar correcto, estás jodiendo al prójimo y de paso desperdiciando tu vida y gacho.
  • Me hice intolerante a las excusas, detesté a quienes siempre contestan con “peros” a cualquier propuesta o indicación, ¡coño gente, busquen el “cómo sí” en lugar del “cómo no”!

Al observar estos y otros detalles que resultaron de trabajar en un lugar del que nunca esperé nada más que mi quincena, me di cuenta de que lo que me llevé fue millones de veces más trascendente que lo que nunca hubiera imaginado. Lo disfruté enormemente, a tal grado que a la hora de decirles adiós ¡lloré!

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Con todo lo anterior, me doy cuenta de dos cosas:

1. El empleo es una actividad que va más allá de la oficina. Repercute en las demás áreas de tu vida haciéndote crecer, estancar o hundir. Esta cuestión del trabajo en equipo, los “peros”, el decir las ideas, el sentirse mal por regarla, etc., son elementos que también entran en juego con la familia, la pareja, los amigos y demás. Por lo tanto, si lo trabajas en un círculo, puedes llevarlo a los demás.

2. Manejarse en la vida sin tener expectativas genera tranquilidad y alegría. No se trata de no tener ambiciones o metas en la vida, se trata de que no se las enjaretes a un tercero, sino vas directito a la frustración.

Ya había escuchado que las expectativas son las causantes de la frustración o la decepción ¡y vaya que sí!. Ahora el reto está en aplicar esto a las demás áreas de la vida, ahí la cosa se pone buena.

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