De humanos y aparatos

No sé mucho de tecnología. Confieso incluso que le tengo algo de aversión a las cosas de computadora. Reniego cada vez que algo se actualiza. Sudo y sufro, pero me acabo adaptando casi a todo.

Hay detalles que nomás no me pasan, como cuando las páginas de internet arrojan una ventana que dice:

Comprobemos que no eres un robot.

Y te piden identificar unas letras, seleccionar unas imágenes, hacer click en un recuadro, etc.

¿¡Por qué tengo que comprobarle a una máquina que YO no soy una máquina!?

Se está borrando la línea —para mí MUY clara— entre los humanos y los aparatos. Como cuando las personas se refieren a la IA usando frases como “me dijo”, “me recomendó”, “me ayudó”, “me explicó”, etc. Así, como si nada.

Considerando que lo que decimos tiene tanto peso en lo que el cerebro conceptualiza, me parece muy delicado que nuestras palabras humanicen a estas plataformas. No me parece descabellado que detone un cambio en la percepción de la realidad que pase desapercibido a la razón, y que por lo tanto termine entregándole nuestra autonomía y criterio a las máquinas.

Llámame loca, no importa. Para muestra está el que hoy le pedimos a un chat hasta consejos de salud, los refrigeradores ya pueden decirnos qué comida nos falta, un algo puede prender las luces de la casa, los carros ya pueden manejarse solos, los teléfonos pueden entender instrucciones habladas, hay plataformas que hacen canciones, dibujos y hasta voces humanas, y los ejemplos pueden seguir.

Hay tecnología para hacerlo todo y aparte hacerlo rápido. Y si bien algunos de esos avances se agradecen porque ayudan a prevenir accidentes o curar personas, en el camino también nos va dejando inútiles y desesperados; o dicho de otro modo: atenidos y berrinchudos.

¿Qué tanto nos ayuda a ser más eficientes y qué tanto nos hace vivir en una falsa ilusión de libertad y control?

Pienso que entrarle a la tecnología facilita-vidas sin evaluar y decidir hasta dónde la queremos dejar pasar, es aceptar una especie de re-educación que nos lleva a ser un achichincle de la máquina.

Porque sí, puede ser muy útil para, por ejemplo, consolidar una base de datos enorme que a ti te tomaría horas, pero preguntarle qué medicina tomar o pedirle que prenda las luces de tu casa, me parece demasiado.

Cada quien decide hasta dónde; siempre y cuando sea una decisión a criterio consciente de la persona.

Lo veo como una marea que busca arrancarnos nuestra autonomía y me niego. Quiero seguir siendo la dueña de mi cerebro. Es más, hasta quiero continuar haciendo tareas tediosas que me hacen sentir humana autosuficiente, con responsabilidades importantes y bobas. Quiero seguir encontrando la forma de mantener a la tecnología como mi herramienta y no a la inversa… ¡Que fuerte que parezca difícil de lograr!

P.D
Estoy consciente que todo lo que aquí escribí no tocó ni tantito el tema de quienes están detrás de todas estas tecnologías y de sus retorcidos intereses. Honestamente, hablar de eso me da más miedo que enojo. Por eso aquí le paro y me pongo a vivir la vida de formas más humanas y menos virtuales.

Gracias por leer 🙂

Leave a comment