El acento en la “e”

Cuando te vas a vivir a un lugar donde el idioma es distinto al de tu país de origen, dentro de los cambios que asumes, está el que tu nombre lo van a pronunciar distinto y que tal vez haya que ajustar su ortografía al alfabeto local.

En mi caso, con el “Silvia” no tuve mayor problema. Generalmente lo escriben con “y” porque así va en inglés y no me molesta. Me recuerda a mi mamá que sí se llama “Sylvia”. Así que lo dejo pasar en situaciones menores.

Sin embargo, lo que sí ha sido un proceso más inesperado, es lo sucedido con mi apellido, Véjar, particularmente con su hermoso acento en la “e”.

Primer choque: “vellár” y no “véjar”

Dado que el inglés no tiene acentos, toda palabra del español que los lleve, los pierde; así como la “ñ” pierde su virgulilla. No hay duda y no hay reclamo. Es más, tan se asume que alguien que ya llevaba mucho tiempo viviendo en este país, me dijo:

“Aquí tu apellido se va a decir ‘vellár’ y no ‘véjar’. Así lo pronuncian cuando lo ven escrito. Y cuando tú se los dictes, pronúncialo ‘vellár’ para que lo escriban con ‘j’.

Me sorprendió un poco. Para ese momento no había reparado en que mi apellido iba a cambiar. Recuerdo haber sentido algo de molestia pero elegí tomarlo como un cambio más.

Segundo choque: “¿lo puedes repetir por favor?”

Pasaron las semanas y entré a la escuela.

Primera clase. El maestro toma lista y llega a mi nombre. Se detiene y dice “¿Silvia?” Yo levanto mi mano, me ve y pregunta “¿cómo se pronuncia tu apellido?”

Mi cerebro colapsa. ¿Qué hago? ¿Contesto como me dijeron que debía decírselo a la gente de este pais o lo digo ¡como en verdad es!?

Elegí decir “Véjar”. Me pidió repetírselo y luego hizo el intento de pronunciarlo.

Ése fue el inicio de dos años escolares donde él, los demás maestros y mis compañeros, hicieron el esfuerzo de usar el fonema “j” del español y poner la sílaba tónica en la “e”. ¡Di-vi-no!

Eso sí, desde aquél entonces, cuando tengo que decir mi apellido para que lo escriba el señorcito o señorita de un mostrador, digo “vellár” para agilizar las cosas. Sólo en esos casos.

Tercer choque: “…pero lleva un acento ¿no?”

Mi trabajo actual es el quinto desde que me graudé aquí, y en las cuatro organizaciones anteriores no pasó ni remotamente lo siguiente:

Dos semanas después de haberme unido a mi actual equipo, en un evento me preguntaron por el acento de mi apellido. Rápidamente caí en cuenta que en el programa de la conferencia a la que estábamos asistiendo aparecía escrito “Véjar.” Ahí lo habían notado.

Para ese momento, ya con siete años en este país, jamás había visto mi nombre escrito así. Sólo estaba acostumbrada a que me preguntaran por la pronunciación original.

Me pidieron explicarles cómo el acento afectaba a las vocales, y ahí quedó todo, en una miniclase de español.

Al día de hoy, continúo asistiendo a eventos en los que la “e” sigue apareciendo como “é”. Dado que yo no mando mi nombre para que hagan los gafetes y demás papeles, no tengo certezas, pero tampoco dudas, de que la responsable de todo esto es mi jefa. Seguramente vio en algún lado mi apellido con acento, lo empezó a escribir así en los registros, y hoy ya es automático que en todo documento lo pongan ¡como debe ser!

Cabe señalar que trabajo en una oficina donde todos son de origen indígena (si no conoces la historia de estas comunidades canadienses, te recomiendo googlear). Ellos son muy conscientes de la importancia de conservar, respetar y celebrar la identidad cultural. De ahí que presten especial atención a detalles como estos.

Entonces, haiga sido como haiga sido, jamás imaginé que me llenaría tanto y me diera tanto orgullo el ver mi apellido impreso con su ortografía original en este país, y más en documentos donde las convenciones sociales acostumbran saltarse los elementos que no pertenezcan a la lengua inglesa.

Parece extraño (aunque a la vez obvio) que al ver “Véjar”, suene una vocesita dentro de mí diciéndome “sí sí ¡ésa sí eres tú!”

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