¿Qué tanto esfuerzo es tantito nomás?

Hoy vengo a hablar del cansancio. *Suspiro*

Desde que llegamos a este país hace poco más de siete años, he tenido dos sensaciones constantes: por un lado el tener que demostrar mi capacidad profesional y por el otro, el tener que aprender todo en friega para evitar la sensación de desventaja o retraso”. Y eso, cansa.

En nuestro proceso de asentamiento ha resultado mucho más sencillo el adaptarnos en el aspecto social, tanto con hacer amigos como con acostumbrarnos a la dinámica de la gente. En cambio, lo laboral ha tenido altas increíbles y bajas muy severas.

Por el lado del desapego a México, digamos que ya lo sabemos manejar. Extrañamos mucho todo y a todos, pero ya hasta nos gusta la relación a distancia que tenemos.

Sin embargo, seguimos persiguiendo la paz en los trámites migratorios. Estamos cansados de correr tras el papel que nos asegure que la vida aquí no tenga fecha de expiración.

De ahí que el presente se sienta discordante. Sentimos que pertenecemos de mil y un formas a este país, pero no tenemos el papel que lo permita formalmente.

Aún así, rendirse no es opción. ¿Qué tanto esfuerzo más es posible invertir cuando llevamos años esforzándonos?

Lamentablemente la residencia no la dan por méritos. Estamos en una época donde este país está cerrando puertas a migrantes y aún así, para nosotros, irse de aquí no es opción.

Así que si los requisitos se ponen más rudos y el cansancio sube el volumen de las quejas, toca volver a respirar profundo.

Y es entonces cuando invariablemente aparece la pregunta: “¿qué tanto (esfuerzo) es tantito más?

Desde hace tiempo tengo la duda de cuánto más estaremos dispuestos a hacer y esperar por lograr la anhelada estabilidad migratoria.

Hoy ya hay oootro plan trazado. Otros abogados, otra ruta, otros tiempos… y para poder avanzar toca seguir tomando fuerzas de las personas que no tienen ingerencia en el gobierno, pero que hacen hasta lo imposible por ayudarnos 🥲: los benditos amigos y familia.

Hoy, ese “tantito esfuerzo más” es aprender un tercer idioma en menos de un año y enrolar a recursos humanos para que haga trámites inusuales. Crucemos los dedos porque en estas circunstancias, todo suma y hace el cansancio más manejable 😅.

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